01
Acavaba de terminar el noveno cigarrillo de la tarde.
Con el periódico entre los dedos haciendo como que leía mientras trataba de terminar la botella de wiscky que me haria pasar esta fría tarde igual a las otras a mi parecer...
Denisse (la nueva secretaria) se limaba despreocupadamente las uñas con semblante perdido entre las pelusas de la planta artificial que alguna vez había sido un hermoso regalo de un cliente satisfecho.
Yo disimulaba cada trago cada vez que lebantaba el periódico haciendo parecer que me recostaba sobre mi alguna vez comodo sillón...No quería que una muchacha de barrio que sentía que por fin tenia un buen trabajo supiera que trabajaba para un borracho que alguna vez fue un gran detective.
Asi pasabamos las tardes ella y yo...bueno...en realidad sólo yo...ella sentía que su trabajo era una maravilla; entre estar sentada allí soportando a un ebrio y tener que atender muchos en un bar de mala muerte; la eleccion era obvia
La verdad es que ella amaba ese trabajo porque no era un trabajo real. Llegaba a las nueve de la mañana, me preparaba un café, compraba mi periódico, se sentaba a leer alguna novela romanticona y patetica que le emulara todo lo que ella jamás viviria, mietras las horas pasaban para volver a casa junto a sus padres.
Llevaba poco tiempo trabajando para mí, sin embargo era una buena secretaria, silenciosa, agradable y sobre todo dispuesta a ayudar.
Por ella habia cambiado el papel tapiz sin necesidad alguna(no llegaba un cliente real en casi dos años), y fue ella quién propuso que leyera el periódico en vez de beber desde que me levantaba hasta que me acostava. Era por eso y por varios motivos que no me atrevía a dejar de fingir que seguía siendo el mismo detective de antaño. Ese que no leía el periodico, sino que aparecía en él; agradecido por la ciudadanía y por las policias locales; que era llamado desde el extranjero y que ganaba millonadas en seguir actrices que mantenian affaires con presidentes corruptos y drogadictos...
Oh, si, yo habia sido grande, y sólo gracias a esa grandesa podia mantener esta farsa que ya no daba para más. Si seguia pagando esta oficina en este barrio y una secretaria con tantas ideas innovadoras y costosas terminaría con los escasos ahorros que me permitían seguir bebiendo buen wisky cada mañana.
El tiempo, los cigarros y el whisky, ya estaban comenzando a mostrar sus huellas en mi cuerpo y la rutina que me habia formado comenzaba a repugnarme. Los fantasmas de los buenos tiempos no dejaban de atormentarme.
El alcohol era una buena morfina pero muchas veces dije lo mucho que aborrecía a aquellos enfermos conectados a respiradores o cuya vida se extiende sólo por la morfina.
Y ya era uno de ellos.
No podia seguir mas con esta farsa. No, no podia.
Arrastrar a mi patético mundo a una muchachita llena de vida era innecesario y horrible. La decision estaba tomada, debia dejar todo esto, retirarme de una vez y para siempre.
Ya no habían casos reales para un viejo sabueso como yo, ahora el area estaba llena de nenitos de papá con el pelo engominado y con libros de casos falsos e imaginados de Sherlock Holmes bajo el brazo.
Lo mío era sentarme en un cómodo bote a pescar y disfrutar de mi retiro. Quizá no sería tan malo.
Después de todo las mujeres ya no se sentían atraídas por detectives, las chicas guapas buscaban actores o cantantes piojentos con pantalones de cuero. Ese era el mundo ahora.
Yo era demaciado viejo para todo. Incluso para que alguien llamara a mi puerta con un buen caso por resolverl. Estaba decidido. En un par de dias se lo diría a la joven Denisse, y aunque sé que no lo tomaría bien, quizá si le daba una buena recomendacion conseguiría un buen trabajo y no tendría que volver a servir borrachos nunca más. Estaba pensando en como decirselo cuando escuche abrirse la puerta de recepcion; quizá Denisse saldría en busca de una soda para ella y para mí, yo siempre se la recibía gustoso y se la hechaba al macetero; la soda me partia la garganta y los cojones. La soda era para los maricas.
Me agaché por la botella una vez más, tranquilo por que no corría riesgo de ser sorprendido por la muchacha, cuando oigo abrirse la puerta de mi despacho, y mientras bajo la botella me encuentros con los ojos reprochadores de mi secretaria.
La mueca en su cara era inconfundible, me sentí como un muchacho
-Creí que había salido a comprar, denisse.
Paseó la vista por la habitacion. Estaba acabado, ella iba a limpiar mi despacho y a vaciar gran parte de mis botellas. Se acerco al escritorio y mientras pensaba en como convencerla de no terminar con mi botillería personal, me dijo, con una sonrisa de jubilo en el rostro y con el tono más disimuladamente alegre que pudo
-¡ Tenemos un cliente!
La miré contrariado; un cliente, no podía estar oyendo bien...
-El cliente quiere hablar de inmediato con usted, dice que acude a usted por su renombre y que es el único que puede ayudarle con ese caso.
No terminaba de juntar las ideas en mi cabeza oxidada y llena de telarañas cuando por mi garganta salio una frase que no salía hace tiempo, que se escucho como salida de la epoca de las cabernas:
-Dígale que pase a mi despacho por favor
Denisse salió y yo aprobeché de esconder la botella y encender un cigarrillo.
Un cliente que supiera de mi renombre debía ser alguien con prestigio y edad para los buenos negocios
No podía darme el gusto de causar una mala impresion.
Con el periódico entre los dedos haciendo como que leía mientras trataba de terminar la botella de wiscky que me haria pasar esta fría tarde igual a las otras a mi parecer...
Denisse (la nueva secretaria) se limaba despreocupadamente las uñas con semblante perdido entre las pelusas de la planta artificial que alguna vez había sido un hermoso regalo de un cliente satisfecho.
Yo disimulaba cada trago cada vez que lebantaba el periódico haciendo parecer que me recostaba sobre mi alguna vez comodo sillón...No quería que una muchacha de barrio que sentía que por fin tenia un buen trabajo supiera que trabajaba para un borracho que alguna vez fue un gran detective.
Asi pasabamos las tardes ella y yo...bueno...en realidad sólo yo...ella sentía que su trabajo era una maravilla; entre estar sentada allí soportando a un ebrio y tener que atender muchos en un bar de mala muerte; la eleccion era obvia
La verdad es que ella amaba ese trabajo porque no era un trabajo real. Llegaba a las nueve de la mañana, me preparaba un café, compraba mi periódico, se sentaba a leer alguna novela romanticona y patetica que le emulara todo lo que ella jamás viviria, mietras las horas pasaban para volver a casa junto a sus padres.
Llevaba poco tiempo trabajando para mí, sin embargo era una buena secretaria, silenciosa, agradable y sobre todo dispuesta a ayudar.
Por ella habia cambiado el papel tapiz sin necesidad alguna(no llegaba un cliente real en casi dos años), y fue ella quién propuso que leyera el periódico en vez de beber desde que me levantaba hasta que me acostava. Era por eso y por varios motivos que no me atrevía a dejar de fingir que seguía siendo el mismo detective de antaño. Ese que no leía el periodico, sino que aparecía en él; agradecido por la ciudadanía y por las policias locales; que era llamado desde el extranjero y que ganaba millonadas en seguir actrices que mantenian affaires con presidentes corruptos y drogadictos...
Oh, si, yo habia sido grande, y sólo gracias a esa grandesa podia mantener esta farsa que ya no daba para más. Si seguia pagando esta oficina en este barrio y una secretaria con tantas ideas innovadoras y costosas terminaría con los escasos ahorros que me permitían seguir bebiendo buen wisky cada mañana.
El tiempo, los cigarros y el whisky, ya estaban comenzando a mostrar sus huellas en mi cuerpo y la rutina que me habia formado comenzaba a repugnarme. Los fantasmas de los buenos tiempos no dejaban de atormentarme.
El alcohol era una buena morfina pero muchas veces dije lo mucho que aborrecía a aquellos enfermos conectados a respiradores o cuya vida se extiende sólo por la morfina.
Y ya era uno de ellos.
No podia seguir mas con esta farsa. No, no podia.
Arrastrar a mi patético mundo a una muchachita llena de vida era innecesario y horrible. La decision estaba tomada, debia dejar todo esto, retirarme de una vez y para siempre.
Ya no habían casos reales para un viejo sabueso como yo, ahora el area estaba llena de nenitos de papá con el pelo engominado y con libros de casos falsos e imaginados de Sherlock Holmes bajo el brazo.
Lo mío era sentarme en un cómodo bote a pescar y disfrutar de mi retiro. Quizá no sería tan malo.
Después de todo las mujeres ya no se sentían atraídas por detectives, las chicas guapas buscaban actores o cantantes piojentos con pantalones de cuero. Ese era el mundo ahora.
Yo era demaciado viejo para todo. Incluso para que alguien llamara a mi puerta con un buen caso por resolverl. Estaba decidido. En un par de dias se lo diría a la joven Denisse, y aunque sé que no lo tomaría bien, quizá si le daba una buena recomendacion conseguiría un buen trabajo y no tendría que volver a servir borrachos nunca más. Estaba pensando en como decirselo cuando escuche abrirse la puerta de recepcion; quizá Denisse saldría en busca de una soda para ella y para mí, yo siempre se la recibía gustoso y se la hechaba al macetero; la soda me partia la garganta y los cojones. La soda era para los maricas.
Me agaché por la botella una vez más, tranquilo por que no corría riesgo de ser sorprendido por la muchacha, cuando oigo abrirse la puerta de mi despacho, y mientras bajo la botella me encuentros con los ojos reprochadores de mi secretaria.
La mueca en su cara era inconfundible, me sentí como un muchacho
-Creí que había salido a comprar, denisse.
Paseó la vista por la habitacion. Estaba acabado, ella iba a limpiar mi despacho y a vaciar gran parte de mis botellas. Se acerco al escritorio y mientras pensaba en como convencerla de no terminar con mi botillería personal, me dijo, con una sonrisa de jubilo en el rostro y con el tono más disimuladamente alegre que pudo
-¡ Tenemos un cliente!
La miré contrariado; un cliente, no podía estar oyendo bien...
-El cliente quiere hablar de inmediato con usted, dice que acude a usted por su renombre y que es el único que puede ayudarle con ese caso.
No terminaba de juntar las ideas en mi cabeza oxidada y llena de telarañas cuando por mi garganta salio una frase que no salía hace tiempo, que se escucho como salida de la epoca de las cabernas:
-Dígale que pase a mi despacho por favor
Denisse salió y yo aprobeché de esconder la botella y encender un cigarrillo.
Un cliente que supiera de mi renombre debía ser alguien con prestigio y edad para los buenos negocios
No podía darme el gusto de causar una mala impresion.


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